angelmiretArtículo de Àngel Miret, miembro de Justícia i Pau Barcelona, publicado en El Periódico el sábado 26 de junio.

Razones, errores y paz

Debo comenzar con una declaración: si, como deseo, algún día se pregunta a los catalanes si nos queremos constituir en estado soberano dentro de Europa, mi respuesta será favorable. Creo que esta opción sería la mejor para toda la ciudadanía catalana: tanto económica como cultural y socialmente.

Siempre tengo presente, sin embargo, la posibilidad de cometer errores de percepción, análisis y propuesta de solución. Además del sentido común, lo constato por la experiencia de los muchos desaciertos cometidos en el transcurso de mi vida. Supongo que casi como todo el mundo. Imaginemos que, en esta cuestión, mi error se puede situar en un porcentaje, como mínimo, de entre el 10% y el 30%. Creo que es una posibilidad perfectamente posible. Es lógico pensar que también aquéllos que mantienen una posición contraria a la independencia pueden tener un porcentaje similar de error en sus tesis. Admitidos estos porcentajes ya podríamos disponer de un primer espacio de diálogo pensando que quizás el adversario tiene la razón que forma parte de mi error.

Una segunda hipótesis a considerar es que sería razonable que en estos últimos años ambas partes hayan cometido errores no sólo de apreciación, sino también tácticos y estratégicos: la gestión del Estatuto de Autonomía, sesiones en el Parlamento, leyes impugnadas, la administración de los tiempos... Creo que a la mayoría de independentistas y de unionistas no les costaría demasiado admitir esta posibilidad.

A partir de este doble reconocimiento se podría empezar a dialogar. Y sugiero un primer aspecto en el que, sin entrar todavía en el fondo del asunto, ya nos podríamos poner de acuerdo: el uso del lenguaje. De una y otra parte se han utilizado con profusión descalificaciones para referirse al adversario como "nazi", "fascista", "supremacista" o "terrorista" con enorme frivolidad y desprecio hacia las víctimas que han sufrido estos fenómenos. ¿Podemos comparar, por ejemplo, la ideología que gobernó Alemania de 1933 a 1945 y el holocausto que provocó millones de muertos asesinados en los campos de exterminio con el conflicto político existente en Cataluña y en España? La respuesta sólo puede ser una: rotundamente no. Y estoy seguro de que la mayoría de personas de buena voluntad tienen esta misma opinión. Planteo, pues, que nos propongamos eliminar definitivamente de nuestro vocabulario estos adjetivos que se han utilizado torpemente contra el adversario político.

Asimismo sería conveniente dejar de lado la grandilocuencia verbal y la dramatización persistente (golpes de estado, rotura social y familiar, destrucción de Cataluña o de España...): parecería que los problemas del mundo y el futuro de Cataluña y España se centren en el dinámico día a día del actual conflicto. Se suceden las horas graves, los días históricos y las declaraciones altisonantes: el fin o el comienzo de los tiempos comienza en Cataluña. La realidad es que hemos sufrido todo tipo de controversias y desgracias en el transcurso de nuestra historia y hoy el debate no tiene en su cuenta deudora ninguna situación irreversible.

A partir de esta contención verbal y gestual sería factible comenzar a percibir al otro no como la encarnación del mal sino como una persona - o colectivo - que interpreta la realidad de una manera diferente a la nuestra y que propone unas soluciones políticas pensando, de buena fe, que son las mejores para Cataluña y España. Y que, por lo tanto, merece respeto.

Un cuarto factor sería olvidar definitivamente el ánimo de destrucción del adversario. Ni unos ni otros cambiarán de criterio fácilmente, y no es bueno humillar y despreciar a la otra parte, entre otros motivos porque queda entonces un resentimiento que hace que cíclicamente emerja nuevamente el conflicto. Necesariamente todas las partes deberán ganar y tendrán que perder.

Finalmente, creo que es indispensable que los presos y los que se han ido de Cataluña tengan un trato justo. También muchas personas que no son independentistas consideran el encarcelamiento preventivo injustificado en términos estrictamente técnicos y las calificaciones jurídicas que se les imputan fuera de lugar. Es necesario que todos ellos regresen a sus casas.

Con estas sencillas bases podemos iniciar un diálogo que aporte soluciones al callejón sin salida actual y que permita encarar el futuro con garantías de justicia social y de paz.

El pasado mes de febrero murió un amigo, frágil, terco, cercano y socarrón, Jaume Botey, siempre en lucha por la paz. Suya es la frase "No hay nada más reaccionario que creer que no hay nada que hacer".


Àngel Miret i Serra