Eudald VendrellDiscurso pronunciado por Eudald Vendrell Ferrer, presidente de Justícia  Pau, durante la eucaristía celebrada en la Catedral de Barcelona el día 1 de enero de 2019 con motivo de la 52ª Jornada Mundial por la Paz.

 

 

 

  


PRESENTACIÓN DE LA “JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ” 2019

 

Buenos días y buen año,

Como es tradicional -y también una exigencia de nuestro compromiso- Justícia i Pau se suma a la conmemoración de la 52ª Jornada Mundial de la Paz, con la presentación y una breve glosa del Mensaje del Papa Francisco con motivo de esta jornada, que lleva por lema: "la buena política está al servicio de la paz". Esto lo hacemos en plena comunión con la iglesia diocesana de Barcelona -de la que formamos parte- en esta primera eucaristía del año presidida por nuestro Obispo auxiliar, Antoni Vadell, a quien agradecemos de todo corazón su presencia.

Esta jornada, que tiene lugar justo una semana después de la celebración del nacimiento de Jesús, tiene como punto de partida el anuncio del profeta Isaías que escuchábamos precisamente durante la eucaristía del día de Navidad: "Ha nacido un niño a quien Dios ha puesto este nombre [...] Padre para siempre, príncipe de paz [...] la paz no tendrá fin en el trono de David y sobre su reino, fundamentado y sostenido desde ahora y para siempre, sobre el derecho y la justicia. Esto es lo que hará el celo del Señor del Universo."

Así pues, el mensaje del Papa de este año, se dirige a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana con el saludo "Paz a esta casa", ya que "dar y llevar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo ".

Esta "casa" es, por una parte, el mundo entero, la creación de Dios por el bien de toda la humanidad, la "casa común que debemos preservar", como también nos recuerda a menudo el Papa. Al mismo tiempo sin embargo, también es el latido del corazón de cada hombre y mujer, de cada familia, de esta Catedral que nos acoge, de todos los que ahora mismo nos encontramos reunidos, de todas las iglesias o comunidades de fe de todo el mundo y finalmente, de todos los gobernantes, políticos y servidores del bien común, a quien se dirige especialmente este mensaje.

Continúa el Papa recordando que: "la paz es como la esperanza de la que nos habló el poeta Charles Peguy, la hermana pequeña y frágil de las tres virtudes que marcan la vida de todos los creyentes, aquella que debemos hacer renacer cada mañana, ya que es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia."

Más adelante, el Papa se dirige directamente a los políticos, los gobernantes y los poderosos de este mundo. A ellos y ellas les recuerda que la mala política, que busca el poder a cualquier precio, lleva -en nombre de una supuesta y perversa razón de estado- al abuso, la injusticia, la corrupción, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales para conseguir un beneficio inmediato y al desprecio de quienes se han visto obligados a migrar y exiliarsese. De este modo, la política mal ejercida puede llegar a ser un instrumento de opresión, marginación y destrucción.

Sin embargo, hay que subrayar -como también hace el Papa- que la política no debe ser menospreciada por el mal uso que se le ha dado y que aún se da, pues es un vehículo fundamental para edificar la dignidad, el sentimiento de ciudadanía y la actividad libre y creadora de los seres humanos.

El tercer punto del mensaje nos habla de "la caridad y las virtudes humanas para una política al servicio de los derechos humanos y de la paz". En este punto y retomando palabras del Papa Benedicto XVI, el Papa Francisco destaca el compromiso por el bien común como un programa con el que deberían estar de acuerdo todos los políticos de cualquier pensamiento y procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar, juntos, por el bien de la familia humana, practicando la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la verdad y la fidelidad.

En este sentido, debemos estar dispuestos a practicar la buena política en tanto que, tal como nos dice el mensaje: "está al servicio de la paz; respeta y promueve la dignidad y los derechos humanos, que son igualmente deberes recíprocos, de manera que se puede tejer un vínculo de confianza y gratitud entre las generaciones presentes y futuras".

Es por ello que en otro párrafo, el Papa nos dice que la buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro, reconociendo los carismas y las capacidades de cada persona. Para ello hay que extender nuestras manos, que Dios no creó para que maten o hagan sufrir, sino para que cuiden y ayuden a vivir. De este modo, tal y como ya señaló Benedicto XVI: "junto con el corazón y la mente, también la mano puede hacerse un instrumento de paz y diálogo."

Igualmente, por este motivo -y hablando de las manos unidas fraternalment- el Papa Francisco nos reitera aquella expresión, que tan a menudo menciona, de hacernos "artesanos de la paz".

En este sentido, el Papa dirige especialmente su pensamiento a los niños y niñas que viven en las zonas de conflicto y guerra, de miseria, hambre y explotación, y que son reclutados como soldados por grupos armados. Asimismo, también bendice a todas las personas, grupos y comunidades que luchan para proteger sus vidas y derechos y les dan esperanza y acogida, afirmando que su tarea es: "sumamente preciosa para el futuro de la humanidad".

Por otro lado, el mensaje concluye con un llamamiento a "Un gran proyecto de paz", vinculado también a la conmemoración -ahora hace pocos días- del 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este proyecto de paz es tanto personal como social y político y se basa en 3 ejes: la paz con nosotros mismos, apartando de nuestro corazón, la intransigencia, la ira, la impaciencia y poniendo ternura y dulzura; la paz con los demás, escuchando los familiares, los amigos, los extranjeros, los pobres, los que sufren hambre, cárcel y rechazo, y dispuestos a los mensajes que nos llevan; y, finalmente, paz con la creación, como ciudadanos y artífices del futuro, redescubriendo y predicando la grandeza del don de Dios.

Por ello, el proyecto de paz que nos propone el Papa Francisco es consciente de las fragilidades humanas, pero también está anclado en el espíritu del Magníficat que María -reina de la Paz- canta en nombre de todos los hombres y mujeres.

Por último, en nombre de Justícia i Pau os animamos a orar y compartir, en esta eucaristía del primer día del año, la ilusión, pero también el comportamiento para que en el 2019 nos lleve la alegría y la paz en todo el mundo, y también soluciones de fraternidad, respeto y diálogo político para nuestro país. Para ello hay que ser conscientes de que, como decía el mismo Francisco en un reciente discurso citado en la Carta Dominical de nuestro cardenal Juan José Omella del pasado 9 de diciembre: "la varita mágica no funciona en política [...] pero tenemos que poder decir a los políticos cuándo creemos que se equivocan, constructivamente, sin mirar desde el balcón esperando que fracasen, ya que su fracaso es nuestro fracaso social: no, así no se construye la paz ni la civilización".

 

EUDALD VENDRELL
PRESIDENTE DE JUSTÍCIA I PAU.

 

Para más reflexiones en torno a la vinculación entre la política y la paz, también puede consultar este artículo (en catalán) de nuestro director, Eduard Ibáñez, con motivo de la misma Jornada Mundial por la Paz.