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De acuerdo con su misión, Justicia y Paz Europa ha elaborado un documento donde se reflexiona en torno a las principales problemáticas del continente europeo en general y la Unión Europea en particular, a la luz de las próximas elecciones al Parlamento Europeo entre los días 23 y 26 de mayo de 2019.

Esencialmente, el documento señala 4 grandes problemáticas que el Parlamento Europeo debería tratar para construir una Unión Europea más fiel a sus principios fundadores:

El primer problema son las grandes desigualdades a escala regional dentro de la UE o Europa en general y los grandes desequilibrios económicos, demográficos y sociales que genera.

El segundo problema tiene relación con el desperdicio de alimentos, que cobra especial relevancia debido a la crisis ecológica del planeta y a que millones de personas en el mundo son víctimas del hambre.

El tercer problema se refiere a la necesidad de controlar de manera efectiva la exportación de armamento de la UE de acuerdo con sus propios códigos de conducta para así evitar que lleguen armas europeas a zonas de conflicto o donde no se producen vulneraciones de derechos humanos.

El último problema al que se refiere el documento son las vulneraciones de derechos humanos fruto de la acción de las empresas europeas, especialmente, las grandes multinacionales.

En el mismo documento también se señalan algunas propuestas para la solución de estas problemáticas y se insta al próximo Parlamento Europeo a adoptarlas.

A continuación, se encuentra el documento completo traducido al castellano.

 

 

Ajustar Europa al Bien Común
Acció concertada anual de Justícia i Pau Europa davant les eleccions al Parlament Europeu de 2019

Justicia y Paz Europa lee los signos de los tiempos a la luz de la Doctrina social de la Iglesia católica. En esta ocasión se centra en la política y las instituciones europeas con la firme intención de apoyar aquellas iniciativas que ayuden a comprender el bien común, cuyo fin es promover una mayor justicia social, fortalecer la paz y la estabilidad en Europa y en el mundo, proteger la creación de Dios y reforzar el respeto universal de los derechos humanos. De acuerdo con su misión y como Acción Concertada anual, Justicia y Paz ofrece la siguiente reflexión y propuestas para todas las personas en Europa, ya sean cristianas, de otra religión o no religiosas, ante las próximas elecciones al Parlamento Europeo, que se celebrarán del 23 al 26 de mayo de 2019:

Establecer una Economía Social de Mercado: una tarea clave para el Parlamento Europeo

El próximo Parlamento Europeo legislará junto al Consejo de Ministros sobre las propuestas de la Comisión Europea. La mayor parte del proceso legislativo y las normas más relevantes para la ciudadanía europea, tanto la de los países pertenecientes a la Unión Europea como la de otros países europeos, están relacionadas con el funcionamiento del mercado único. Basado en el principio de libre circulación de bienes, capitales, servicios y personas, el mercado único - tal como lo establecen los Tratados europeos- es la fundación de la mayor economía de mercado del mundo. En el continente ha permitido que se alcanzase, en las últimas décadas, un aumento de las cotas de bienestar material. Sin embargo, una economía de libre mercado también necesita unas normas claras, así como una infraestructura para su gobierno proporcionada por los Estados para el bien común de la ciudadanía. De lo contrario se multiplican las consecuencias no deseadas. La supervisión y regulación de las autoridades políticas legítimas deben abordar estas cuestiones. Por lo tanto, el Tratado de la Unión Europea exige el establecimiento de una economía social de mercado y pide a sus instituciones que promuevan la cohesión social, económica y territorial. Los valores que se promueven en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea sirven como orientación para los miembros del próximo Parlamento Europeo, para que modifiquen y corrijan ciertos efectos no deseados en el mercado único.1

Cuatro temas y prioridades que el próximo Parlamento Europeo debe considerar

Justicia y Paz Europa ha identificado cuatro problemas, que visibilizan aspectos donde el mercado único no funciona correctamente si tenemos en cuenta los valores y principios que construyen la Unión Europea, así como los que promueve la Doctrina social de la Iglesia.2 El próximo Parlamento Europeo debería abordarlos con firmeza. Naturalmente, no son las únicas cuestiones, pero ilustran muy bien nuestra preocupación en la medida en que constituyen violaciones de los principios de:

  1. La justicia social. Porque la actual distribución injusta de las oportunidades y la riqueza, pero también de la pobreza y la exclusión social dentro del territorio del mercado único y entre las regiones provoca unas consecuencias demográficas, culturales y sociales muy negativas.

  2. La preservación del medio ambiente (la creación). Porque se da un nivel inaceptablemente alto de desperdicio de alimentos, lo que señala el predominio de un modelo de producción y consumo opuesto a la virtud de la moderación y es perjudicial para el medio ambiente.

  3. La paz global. Para que las exportaciones de armas en zonas de guerra y conflicto armado, son contrarias a un acuerdo existente entre los Estados miembros de la UE.

  4. El respeto por los derechos humanos. Porque algunas empresas europeas -especialmente las más grandes establecidas en el territorio del mercado único- operan en todo el mundo con métodos y medios que pueden constituir violaciones de los derechos humanos.


1. Las disparidades regionales y la migración dentro de la UE: la necesidad de una Política Europea de Desarrollo Regional nueva y completa

En 2017, la media de los costes laborales por hora en la UE osciló entre 4,90 €, en Bulgaria, y 42,50 €, en Dinamarca. El fuerte proceso de convergencia, que se pudo observar antes de la crisis financiera de 2008 a 2009, se ha ralentizado desde entonces. Las disparidades regionales son, hasta cierto punto, inevitables en el mercado único, pero la diferencia actual es de tal importancia que muchas personas en Europa deciden abandonar su región o país de origen y migrar a lugares con mejores empleos y oportunidades. En los últimos 25 años, Bulgaria, por ejemplo, ha perdido el 10% de su población y, a menudo, las personas que emigran son las mejor cualificadas y pertenecen a las generaciones más jóvenes. En otros países, la situación es similar y en la mayoría de los Estados miembros se puede observar un éxodo desde las áreas rurales y poco desarrolladas. La despoblación de gran parte de la Unión Europea y el empobrecimiento son efectos secundarios negativos del mercado único, que no deben ser tolerados.

En cambio, una economía social de mercado y el principio de cohesión territorial requieren el diseño de una nueva y completa política europea de desarrollo regional, que construya y mejore las políticas regionales existentes en lugar de debilitarlas. El próximo Parlamento Europeo debería declarar esto como una cuestión prioritaria ya que el alto nivel de falta de confianza en las instituciones europeas, incluido el Parlamento Europeo, responde en parte a su ineficiencia, percibida o real, frente a las crecientes disparidades sociales y territoriales dentro de la UE.


2. El desperdicio de alimentos: un modelo de producción y consumo que necesita un cambio urgente

El enorme desperdicio de alimentos en los países desarrollados es un ejemplo escandaloso de los efectos secundarios negativos de los modelos de producción y consumo predominantes. El papa Francisco se ha referido en varias ocasiones a este escándalo. El modelo ejerce una severa presión sobre nuestros ecosistemas, aspecto muy preocupante ya que millones de personas en todo el mundo sufren de hambre. La meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas exige reducir a la mitad el desperdicio de alimentos, en la venta al por menor y a nivel de consumo. En la UE, la cantidad de desperdicio de alimentos está en torno a 88 millones de toneladas por año, lo que representa más de una quinta parte de la producción. En tales niveles es imprescindible un cambio drástico. Constituye un desafío complejo para todo el sistema alimentario, en el que se incluye el comportamiento del grupo consumidor.

En agosto de 2016, la Comisión Europea creó una Plataforma de la UE sobre Pérdidas y Desperdicios de Alimentos y en 2017 publicó las instrucciones para facilitar la donación de estos. En la primavera de 2018 el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros aprobaron una Directiva revisada sobre los residuos de la UE, que pide a los Estados miembros que reduzcan el desperdicio de alimentos en cada etapa de la cadena de suministro de estos y que controlen mejor los niveles de desperdicio de alimentos. Pero urge dar otro paso más y el próximo Parlamento Europeo debería promover en todas las instituciones europeas la reducción sustancial de desperdicios, por ejemplo, corrigiendo las indicaciones de las fechas de "caducidad" y "consumo preferente", que suponen un 10% de los residuos de alimentos. Los Estados miembros y las instituciones europeas, incluido el Parlamento, tendrán que trabajar juntos para establecer métodos uniformes y sistemas de clasificación que sirvan para el cálculo del desperdicio en cada etapa de la cadena de suministro de alimentos. Sobre la base de una metodología unificada y establecida para calcular el desperdicio de alimentos, el próximo Parlamento Europeo debería introducir un nuevo objetivo de reducción obligatoria de desperdicio de alimentos en la UE. También podría suponer un paso positivo la introducción de una ley del Buen Samaritano a nivel europeo, que ofrecería una mayor protección legal a quienes donan alimentos por su apoyo a las personas necesitadas. Sin embargo, el problema más urgente es el cambio de conciencia y mentalidad de todas las partes. El Parlamento Europeo está integrado por personas que ejercen una función pública y son modelos a seguir y, por lo tanto, tienen la obligación de actuar en consecuencia. Es evidente que también es necesario mejorar nuestros patrones de consumo, a nivel individual y familiar, así como los patrones de consumo de la Iglesia, en general.


3. Promover la paz en el mundo y controlar las exportaciones irregulares de armas de la UE

En los últimos años, las armas fabricadas en el mercado único europeo se han utilizado en muchas guerras y conflictos armados. La UE se ha convertido en el segundo mayor exportador de armamento del mundo. En 2017, los 28 países de la UE concentraron el 24 % de las exportaciones mundiales de armas, por debajo de Estados Unidos (57 %) y por encima de Rusia (9,5 %), según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Aunque las exportaciones globales de armas de la UE aumentaron un 10 %, entre 2013 y 2017, en comparación con el periodo entre 2008 y 2012, las exportaciones a Oriente Medio han aumentado un 103 %. Resulta entristecedor reconocer que la industria armamentística europea se encuentra entre los grupos principales de proveedores de armas de la región. Preservar la paz y promover los derechos humanos, la democracia y el imperio de la ley fueron las razones más importantes por las que los países europeos comenzaron a cooperar después de la Segunda Guerra Mundial, y estos son también los valores que la UE debería promover en sus políticas externas según el Tratado de la Unión Europea (art. 21). Para evitar conflictos y aumentar la seguridad internacional, la UE estableció en 1998 un Código de Conducta sobre las exportaciones de armas. En 2008 se desarrolló y pasó a denominarse "Posición Común del Consejo". Determina las condiciones por las que los miembros de la UE deben negar las licencias de exportación de armas a las empresas. No se pueden entregar armas a países involucrados en guerras y conflictos, ni a países que cometen graves violaciones de derechos humanos, ni a países que apoyan a organizaciones terroristas, ni a países donde los altos costes en material de defensa puedan afectar seriamente a las perspectivas de desarrollo del propio país. Sin embargo, en la práctica, los Estados miembros de la UE han violado con frecuencia estas normas, como ha recordado el Parlamento Europeo en noviembre de 2018. En su resolución, el Parlamento Europeo ha planteado la creación de un mecanismo para sancionar a los Estados miembros que no cumplan con la Posición Común. En el vídeo de las intenciones de oración del Papa de junio de 2017, y en muchas otras ocasiones, Francisco pidió orar “por los líderes nacionales para que puedan comprometerse firmemente a poner fin al comercio de armas que victimiza a tanta gente inocente".

Justicia y Paz Europa espera que el próximo Parlamento Europeo apoye plenamente la Posición Común de la UE sobre exportaciones de armas, y promueva activamente las medidas adecuadas, que aseguren que los Estados miembros la reconozcan y apliquen en su totalidad. Será preciso establecer un sistema efectivo de sanciones en caso de que los Estados miembros violen los acuerdos. El próximo Parlamento Europeo también debería apoyar las iniciativas de la UE para promover soluciones diplomáticas a los conflictos y ayudar a los países a superar los problemas de desarrollo, bajo criterios de comercio justo y programas de asociación bien orientados y desarrollados de forma conjunta.


4. Respeto de los derechos humanos y un instrumento legalmente vinculante para las multinacionales

Las empresas transnacionales han logrado su expansión a cualquier país del mundo gracias a la globalización y al concepto actual de desarrollo económico. El PIB de algunos países es más pequeño que las ventas de las multinacionales más grandes, y experimentan situaciones en las que se vuelven vulnerables ante ellas: corrupción; miedo de apartarse del sistema económico y la cadena de valor mundial; imposiciones políticas de élites egoístas. Las multinacionales intervienen en los niveles más altos de la política para ganar acceso y explotar los recursos naturales, obtener normas fiscales especiales, aprovecharse de forma indebida de los programas de infraestructura públicos y conseguir impunidad en casos de violación de derechos humanos.

El papa Francisco y sus predecesores han invitado en repetidas ocasiones a que las empresas multinacionales respeten los derechos humanos en cada una de sus actividades. En la actualidad, parece inevitable dedicar recursos públicos a la creación de entidades que controlen, supervisen y penalicen a las empresas transnacionales. Estas entidades estudiarían periódicamente el cumplimiento de las obligaciones de las multinacionales con respecto a los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos y las normas vinculantes de debida diligencia correspondientes. El próximo Parlamento Europeo podría proponer una iniciativa para establecer una entidad de monitoreo de empresas multinacionales cuyo mercado interno es el Mercado Único. El próximo Parlamento Europeo debería continuar también fomentando un compromiso activo y constructivo de la UE – basándose en un mandato de negociación del Consejo de Ministros – con el Grupo de Trabajo Intergubernamental sobre empresas transnacionales y otras empresas comerciales hacia el respeto de los derechos humanos.

 

Referecnias:

[1] El artículo 2 del Tratado de la Unión Europea dice lo siguiente: “La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.”

[2] Debido a los acuerdos bilaterales o a los procedimientos de adhesión en curso, los países europeos externos a la Unión Europea también se ven afectados por la disfunción del mercado único.