signe tempsEl movimiento que se ha generado en torno a una adolescente que clama contra las políticas ecocidas, no es un episodio de fiebre juvenil. Y no es un grito sólo de la generación del smart. Hace tiempo que hay un grito disperso pero profundo y que se había enmudecido.

Los sabios científicos, los que más saben, que dice Greta, dan cifras y hacen ecuaciones que llevan hacia el desastre, mientras los bulldozers, los mercenarios de la especulación y las chispas intencionadas continúan con la ruleta criminal. Y el buen Papa Francisco, acosado por los que no quieren hablar por el compromiso que supone ver la realidad, nos ha dejado como una especie de testamento con la Laudato Si', que ahora comienza a ser escuchado. El obispo de Roma como entonces el buen Papa Juan, ha sabido captar este nuevo Signo de los Tiempos. Un movimiento social de raíces profundas que no se quiere que sea aceptado por la mayoría de la población -un peligro por los grandes intereses económicos- y tampoco por las éticas religiosas que apelan a la trascendencia y que abogan por los empobrecidos, los más damnificados del expolio. Lo que dice el cacique de la Amazonia es también el grito del Papa:

 

 

"Pedimos que ustedes dejen de hacer lo que están haciendo, detengan la destrucción, cesen en su ataque a los espíritus de la Tierra. Cuando ustedes cortan los árboles, atacan a los espíritus de nuestros ancestros. Cuando buscan minerales, empalan el corazón de la Tierra. Y cuando derraman venenos en la tierra y en los ríos –productos químicos de la agricultura, y mercurio de las minas de oro– debilitan los espíritus, los animales, las plantas y a la propia Tierra. Y cuando ustedes debilitan a la Tierra de esta manera, ella empieza a morir. Si la Tierra muriese, si nuestra Tierra muere, ninguno de nosotros será capaz de vivir, y todos moriremos. 

Para vivir, ustedes deben respetar el mundo, los árboles, las plantas, los animales, los ríos y hasta la propia Terra. Porque todas esas cosas tienen espíritu, todas ellas son espíritus, y sin los espíritus la Tierra morirá, la lluvia cesará, y las plantas alimenticias se marchitarán, y morirán también. Todos respiramos ese aire, todos bebemos la misma agua. Vivimos en este planeta. Tenemos que proteger la Tierra, y si no lo hacemos los grandes vientos destruirán la selva.

Entonces ustedes sentirán el miedo que nosotros ya sentimos».

Cacique Raoni Metuktire, de la nación Kayapó.

 

Como el Papa Juan supo captar los movimientos sociales que iban emergiendo en las clases populares después de la guerra, ahora Francisco, con una audacia profética, denuncia el camino de destrucción que la tecnoeconomia y la política sin alma, está provocando en todas las regiones del planeta. En pocos decenios se está propiciando un proceso irreversible. Trabajar para cambiar el modelo de consumo y de progreso no es una causa de parte. Es una causa en la que todos estamos implicados, toda la humanidad todos los continentes, todas las religiones y El Espíritu del Evangelio de Jesús no es ajeno a esta apuesta y en estos movimientos sociales. El mensaje de Jesús se pone al lado de la cosmovisión indígena que, hoy, tiene más conciencia sabia de lo que nos está pasando. Y tiene más propuestas constructivas que muchas culturas occidentales que se jactan de tener conocimientos superiores.

Este clamor es un Signo de los Tiempos. No lo podemos olvidar.

 

Josep Maria Fisa, delegado episcopal de Justícia i Pau.

 

NotaEl uso de concepto «signo de los tiempos» es muy reciente en la Iglesia. Sólo tiene cincuenta años. El 25 de diciembre de 1961 Juan XXIII lo introdujo en el lenguaje del magisterio, por primera vez y en un contexto histórico crucial para la Iglesia, mediante la Constitución Humanae Salutis, que convocaba el Concilio Vaticano II. «Siguiendo la recomendación de Jesús, cuando nos exhorta a distinguir claramente los signos ... de los tiempos (Mt 16,3) -escribe el Papa Roncalli-, Nos creemos entrever, en medio de tantas tinieblas, no pocos indicios que nos hacen concebir tiempo mejores para la Iglesia y la humanidad. »" Los signos del tiempo caracterizan una época, expresan las necesidades y las aspiraciones de la humanidad. Son fenómenos impactantes que dan señales de formas de existencia humana más justas y más dignas. su significatividad no está sobreañadida desde fuera por quienes los leen como tales, sino encarnada en la realidad histórica. la tipicidad, los indicios de tiempos mejores que señalan, el consenso colectivo que despiertan y su irreversibilidad constituyen algunos de los criterios para identificarlos. " (F.Javier Vitoria)