Joan Gomez EdOArtículo de Joan Gómez i Segalà, miembro de Justícia i Pau de Barcelona.

 

Cuatro imágenes de la respuesta catalana al 17A

Los atentados del mes de agosto han dejado, como todas las tragedias, unas imágenes desoladoras pero también algunas otras esperanzadoras. De éstas, quiero destacar cuatro que yo atribuyo a la singularidad catalana que nos hace proclives a la cohesión y nos empuja a denunciar toda violencia.

El primer ejemplo es que la comunicación de los Mossos sobre la muerte del terrorista fugitivo se dio en términos tranquilizadores y no de victoria. Provocaba un sentimiento de alivio y no de venganza satisfecha. Conviene aclarar si efectivamente el abatimiento era la opción más adecuada desde el punto de vista policial, pero en todo caso no hubo enaltecimiento de la acción.

El segundo ejemplo es el abrazo de Rubí. Los padres de Xavi, el niño de tres años arrollado en las Ramblas con un pariente, consuelan al imam de Rubí. El imam había visto como un colega suyo había perpetrado un atentado, primer pecado, en nombre de Dios, segundo pecado. El imam que predica una religión de paz y convivencia es consolado por quien ha sufrido el peor de las aflicciones por parte justamente de quien se adueña del Islam. Unos padres que necesitan un abrazo para confirmar que el amor es mayor que la muerte. ¿Quién ha inculcado tamaño amor?¿De dónde han sacado esa fuerza que honra a todo un pueblo?

El tercer ejemplo es que en el acto de homenaje a las víctimas de Ripoll, la hermana de uno de los terroristas muertos también pudiese hablar desde el atril. Más significativo que los llamamientos a la unidad, resultó la elección de oradores que desdibujaba cualquier enfrentamiento imaginable. No hay familias enfrentadas según el bando de sus muertos, sino un sólo pueblo que reclama que no vuelva a suceder.

El último ejemplo es la manifestación institucional en Barcelona. Si alguien pretendiera interpretar las tres escenas anteriores como fruto de una visión naíf y buenista, la respuesta a la presencia de un traficante de armas en la cabecera de la manifestación demostraba que no defendemos una unidad ficticia a costa del sentido crítico. El terrorismo tiene muchas causas y muy complejas, pero ciertamente los apoyos y las alianzas internacionales facilitan su expansión. El problema no era la presencia de un monarca, sino que incluso después de los atentados ha priorizado el mantenimiento de los acuerdos de venta de armamento a Arabia Saudí sin que el precio pagado en vidas en Barcelona le haya hecho reconsiderar nada.

Si en la manifestación por el atentado contra Ernest Lluch, Barcelona exigía diálogo, esta vez se ha voceado que no tenemos miedo. No nos da miedo que el terrorismo nos divida como tampoco no nos amedranta denunciar a sus cómplices. 

El amor es mayor que la muerte.

Joan Gómez i Segalà