Nuria Carulla EdO

Artículo de opinión de Nuria Carulla, miembro de la Junta de Justícia i Pau de Barcelona.

 

Desarrollo integral, también en el derecho de las personas

Cuando nos hablan de economía en los medios de comunicación, habitualmente se da como dato importante, el grado de crecimiento de los países, para destacar la buena marcha de su economía. El presidente del gobierno español proclamando como un éxito de su gobierno y de sus políticas, el grado de crecimiento del país que, según dice, es el más alto de Europa, y se jacta de sacar al país de la crisis y que la economía está remontando. Qué constatación tenemos? Los datos que aparecen en los periódicos sólo nos dan las relativas a las ganancias de los bancos y de las grandes empresas.

Probablemente soy bastante ignorante en macroeconomía y no puedo explicar las teorías que esgrimen ni las recetas que se aplican para que un país funcione, pero sé lo que pasa en la mayoría de la ciudadanía y esta salida milagrosa de la crisis y la espectacular remontada de la economía no llega a percibirse entre la mayor parte de la gente del país. Seguimos con una tasa de paro altísima, sobre todo entre la juventud, al que se maltrata con contratos muy precarios y muy mal pagados, (cuando encuentran trabajo), de tal manera que se les está ofreciendo un futuro penoso, en el que sólo pueden desenvolverse los más ambiciosos a cualquier precio, con pocos escrúpulos y nula conciencia social. Tener conciencia social pone en peligro el trabajo. Y lo que pasa con la juventud también pasa a todo el otro abanico de edad de los trabajadores que han visto reducidos sus ingresos, al tiempo que, debido a la crisis (dicen), se han reducido las prestaciones sociales, están en peligro las pensiones y se han tenido que subir los precios de los servicios básicos.

Como he dicho antes, probablemente soy bastante ignorante en materia económica, pero no puedo creer que no haya remedio a esta situación de desbarajuste y de explotación de la mayoría de la población. Creo que nos dejamos tomar el pelo, que aceptamos una pérdida de derechos económicos y sociales para que nos lo presentan como inevitable, aunque en el mundo y también en este país hay más riqueza que nunca, pero acumulada en muy pocas manos. Es cierto que esta situación injusta no se puede revertir con facilidad, pero hay que ser conscientes de que las crisis económicas y las salidas de las crisis tienen como consecuencia acaparar y robar a los pobres para hacer más ricos a los ricos.

No tenemos conciencia de pobres ni nos gusta pensar que lo somos a pesar de la precariedad que muchos sufrimos, pero ante los grandes poderes que dominan la economía mundial todos, y sobre todo todas, somos pobres y si no lo somos ahora, tenemos el riesgo de serlo según como convenga que vayan las cosas.

El gran tema del desarrollo y del crecimiento de los países tiene que pensarse manera diferente a como se ha hecho hasta ahora. El desarrollo a cualquier precio está dañando el planeta. Las extracciones mineras, el acaparamiento de tierras, la contaminación de ríos, mares y acuíferos está dejando en la cuneta millones de personas. Quien no se resigna a vivir en la más dura indigencia, sale de sus países con riesgo de la propia vida y de la propia integridad y dignidad, y es recibido con violencia y desprecio y es acusado de todos los males que padecemos cuando es la primera víctima. Millones de inmigrantes intentando llegar a los países desarrollados no se frenará ni por la fuerza de las armas, porque es cuestión de supervivencia, si se les toma la tierra, se les contamina el entorno y además, se obliga a los gobiernos autóctonos a pagar una deuda externa inmoral a cambio de vender el país a las empresas transnacionales. En Marruecos, por ejemplo, el gobierno ha dado dos millones de hectáreas a unas empresas multinacionales para desarrollar el país. Esta decisión dará cifras de crecimiento positivo para Marruecos, pero no mejorará la vida de su gente. Estas empresas contratarán unos cientos o miles de personas, pero toda la población que habitaba esta zona se ha visto desplazada forzosamente, una parte puede que sea contratada a las nuevas empresas pero los que no puedan serlo, ya están obligados a marchar sin destino ni garantías de subsistencia.

Para qué sirve tanta producción y tanta devastación? Para tener productos y que podamos consumir. En la población de los países desarrollados se nos ha dado el papel de consumidores, nos bombardean con toneladas de publicidad de todo tipo de productos para que no dejemos de consumir porque si lo hacemos quizás hundiría el sistema. Es hora de empezar a pensar en un futuro más allá de la próxima legislatura, es hora de sentirnos ciudadanos del mundo y disfrutar de la capacidad de construir presente y futuro y no dejarnos arrastrar tanto por lo que ya está organizado de lo pronto.

Os invito a ver y escchar el resumen de la jornada que hicimos sobre #ConflictMinerals El precio de nuestro consumo. Como ciudadania consciente, creativa y solidaria tenemos que ir cambiando el chip.

Núria Carulla
27 noviembre 2017