Maria Martin EdOArtículo de opinión de Maria Martín Goula, colaboradora de Justícia i Pau.

Entre dos aguas: de la experiencia migratoria y los procesos de acogida

Volver a casa después de un tiempo siempre ofrece espacios para los contrastes. Después de dos años seguidos en Estados Unidos, Barcelona me impresionó de nuevo: los transportes públicos, el sistema de salud, el estilo de vida, todo me pareció al principio distante y nuevo pero en pocos días familiar y propio. Barcelona, es casa. En un contexto donde los atentados terroristas han sido tristemente noticia, y los comentarios de líderes mundiales cuestionan la validez de la diversidad cultural y los procesos de acogida, mi visita a Barcelona me lleva a reflexionar sobre el proceso migratorio del que soy testigo en primera persona. ¿Como es que un adulto puede sentirse como en casa cuando vive en su ciudad de acogida, pero no siente que pertenece a ella, a pesar de los esfuerzos evidentes por parte de la comunidad de acogida?

Desde mi experiencia como inmigrante en Estados Unidos y quizás por la formación en diversidad e inclusión que me hace estar atenta a estos detalles, al estar unos días en Barcelona, me di cuenta de que en mi tierra natal, tengo la medida exacta de todas las cosas. El hecho de entrar en una tienda y decir "Buenos días!" y que todo el mundo lo entienda como "Buenos días!" y que además es un privilegio que se entienda si es un "Buenos días" de compromiso y en verdad es un mal día , o "Buenos días" de verdad.

En Estados Unidos me siento como en casa, pero no siento que pertenezca allí, pues aún estoy aprendiendo la medida de todas las cosas. Cada día entiendo más los intangibles culturales de los Estados Unidos —y muchos de ellos me parecen bien interesantes— pero siempre hay un rumor casi imperceptible que me recuerda que soy forastera.

Ser inmigrante es una tarea de aprendizaje y adaptación constante. Se espera que los forasteros se asimilen a los autóctonos, que aprendan el idioma, las costumbres y la medida de los valores del país de acogida y los asuman como propios; hay muchos programas destinados a "acoger", a "asimilar", a "integrar" a los inmigrantes y muchas personas trabajan en esta dirección con mucho esfuerzo y dedicación. A pesar de estos esfuerzos, las comunidades hispanas en Estados Unidos todavía son muy relevantes y bien cerradas, igual que las comunidades musulmanas en Cataluña. Además, muchos procesos de acogida fracasan. Y quizás, desde la perspectiva de comunidad que acoge y quiere recibir nos preguntemos por qué.

Desde la perspectiva de comunidad que acoge, encuentro interesante la interpretación que Stephen May y Tariq Modood (2004) hacen del multiculturalismo y cómo puede ayudar a vislumbrar los motivos por los que un inmigrante siempre es un poco forastero. May y Modood proponen acercarse al multiculturalismo desde la teoría política: el multiculturalismo político. Así, sugieren que el multiculturalismo político genera perspectivas sobre la diversidad muy limitadas, pues se contempla la diversidad desde los valores de las democracias liberales. May y Madood dicen que cuestiones como el nacionalismo o las políticas de identidad, son contempladas desde la interpretación propia de la comunidad de acogida y en relación a conceptos como igualdad, libertad, democracia y justicia. Estos valores acaban resultando necesarios en el desarrollo de la identidad personal dentro de las sociedades democrático liberales y también son aplicados a la construcción de la identidad de los inmigrantes que llegan de contextos completamente diferentes. En otras palabras, se contempla la integración desde una perspectiva unidireccional donde el inmigrante debe incorporar los valores propuestos en la sociedad de acogida: libertad, igualdad, democracia y justicia tal como los vive y entiende quien acoge.

Un ejemplo claro para entender cómo actúa el multiculturalismo político ha sido la cuestión del velo en las mujeres musulmanas. Desde la perspectiva de la libertad occidental, el velo estuvo fuertemente politizado, polemizado y tratado como un elemento limitante de la libertad de las mujeres. De hecho, desde occidente a menudo se ha visto como la representación gráfica del contraste entre las libertades de occidente y "la opresión del mundo musulmán." Sin embargo, raramente se ha contemplado en el debate público el velo como símbolo de libertad, de elección personal y de construcción de identidad de las mujeres musulmanas, como sugiere Leila Ahmed en su libro "A Quiet Revolution”.

La perspectiva del multiculturalismo político nos puede ayudar a entender que algunos procesos de asimilación o integración fracasan. Cuando a pesar de los esfuerzos de la comunidad de acogida para recibir, para ofrecer recursos y para que las personas se sientan a gusto y parte de la comunidad hay casos en los que la asimilación no se da como se esperaba se generan preguntas como "nos hemos esforzado, hemos dedicado recursos económicos a este proyecto, y no hemos conseguido que se convirtieran en uno de los nuestros, donde nos hemos equivocado?" La reflexión sobre el multiculturalismo político anima a preguntarnos por los valores del inmigrante, y cuestionarnos estas dudas, con responsabilidad, más allá de los debates que tradicionalmente se utilizan en la esfera pública. ¿Qué es para un inmigrante musulmán la libertad? ¿Qué es la justicia para una persona que acaba de llegar de El Salvador? Por ejemplo, volviendo al tema del velo, ¿qué significa para una mujer musulmana llevar el velo? Ahmed, por ejemplo, no niega que en ocasiones es utilizado como elemento de opresión, pero a su vez sugiere que también es un elemento religioso, o tal vez de posicionamiento político de crítica contra el sexismo y la cosificación de la mujer en las sociedades europeas, o bien una demostración de que la minoría musulmana está presente en la sociedad y están aquí para ser tratados en términos de igualdad. Así, llevar velo puede convertirse en un acto de libertad política muy intencional.

El concepto de "asimilación" o "integración" también interpela a los valores originales de la persona inmigrante y puede generar preguntas: ¿es que mis valores no son suficientemente válidos? Si la asimilación se presenta como unidireccional, parece obvio que no habrá espacio para fomentar el diálogo ni las identidades multidimensionales. ¿Es compatible ser mujer, elegir libremente llevar velo y ser feminista? ¿Es compatible tener acento español, hablar con poco vocabulario técnico en la consulta pediátrica y aún sacar a los hijos adelante sin programas de apoyo social?

Ser inmigrante significa tener que estar atento a todos los pequeños detalles con el fin de integrarse, asumir que a veces nos equivocaremos, que seremos rechazados y que siempre tendremos que aprender un detalle más. También significa muchas veces lidiar con la condescendencia de las personas que acogen y entender que ciertas actitudes son fruto del contexto más que personales. Por otro lado, ser país de acogida tampoco es fácil, especialmente si consideramos la envergadura del debate propuesto, que es enorme y nos interpela a todos como comunidad. Parece que acoger, no significa sólo "asimilar" o "integrar" al otro, sino que también es cuestionarnos la validez de los valores más fundamentales sobre los que están basadas nuestras democracias y admitir que tal vez, no somos ni tan libres, ni justos ni democráticos como nos vemos en el espejo, o visto en positivo, que tenemos la aventura de crecer justo ante nosotros y los inmigrantes tienen mucho que decir.

Maria Martín Goula