Josep Maria Fisa EdOArtículo de opinión de Josep Maria Fisa, consiliario de Justícia i Pau Barcelona.

Comunicación no-violenta

Hay palabras calificativas sobre personas y colectivos que será bueno excluir de la comunicación mediática e incluso de los whatsapps (El Papa Francisco Exhortación Apostólica Gaudete et Exultate). Son palabras que ya expresan un fuerte rechazo a las personas que son calificadas así. Desde la no aceptación de la dignidad del otro, es muy difícil hablar, dialogar, comprender, y actuar con cordialidad y serenidad.

La palabra se convierte entonces en un dardo y el argumento en perjuicio y condena sin paliativos y sin opción a la defensa razonada y justificada. No hay descarga. El otro es culpable y merece castigo personal y social. Además de los legales y penales, claro.

Los medios de comunicación en general, hace tiempo que ya no ponen límites orientadores para una buena comunicación del respeto y desde una ética que se base en la búsqueda de la verdad, en la aceptación del pluralismo de opciones políticas y no se crean espacios intermedios que favorezcan canales de aproximación.

Y cuanto más contribuyan los medios al enfrentamiento y a la humillación del adversario, más parecen recoger adhesiones y apoyos, para los intereses que a cada uno le parecen mejores.

Los medios de comunicación que están de alguna manera amparados por la iglesia, oficialmente o por delegación, tendrían que dar ejemplo claro y fehaciente de este estilo de lenguaje no violento que proponemos. Emisoras de radio, canales de televisión, periódicos y revistas, propagan calumnias, atizan los recelos y fomentan la animadversión a posiciones legítimas dentro de las sociedades democráticas y dentro de la Doctrina Social de la Iglesia.

Doctrina Social que si no puede bajar a concreciones que dependen de la voluntad política plural y de la propia consciencia, sí que dicen claramente qué principios y orientaciones ha de poder hacer suyos un cristiano. En este sentido uno puede defender perfectamente que le gustaría un marco jurídico y político determinado y otro lo contrario. Ni el primero ni el segundo se pueden erigir como auténticos católicos en contra del otro.

La propuesta de una comunicación no violenta no es una propuesta que tenga un terreno abonado propicio. Antes al contrario, el humus social se ha ido contaminando de reacciones alérgicas ante cualquier actitud que pueda parecer blanda, partidista o condescendiente con lo que ya se ha convertido en un enemigo a combatir.

Es evidente que quien tiene más poder de control de los medios o más influencia puede hacer posible otra manera de comunicar y debatir, y de dialogar desde la aceptación de la diferencia. Pero el trabajo que todos tenemos, que es ingente, es volver al lenguaje que articula tolerancia, respeto, paciencia, escucha de relatos inclusivo, confianza y voluntad de acuerdo.

Desde un sentimiento que da por hecho que nuestras ideas y juicios son la verdad indiscutible; Desde la no aceptación del pluralismo político entre cristianos católicos; Desde tomas de posición que se consideran inamovibles, cuando siempre serán, mutables y temporales; Desde la consideración de que otros están en el error y nosotros en la verdad incontestable; Se hará difícil construir caminos de diálogo y fraternidad aquí o allá de cualquier marco político y jurídico.

Y éste sería el objetivo común que nos tendríamos que proponer, cristianos o no. Y para empezar, mantener un lenguaje no violento en todas nuestras intervenciones escritas, orales, simbólicas, personales y colectivas. 

El 9 de abril se hizo pública la Exhortación Apostólica del Papa Gaudete et Exultate. He aquí dos fragmentos que vienen al caso y que iluminan nuestra reflexión.

 

De la Exhortación Gaudete et Exultate del papa Francisco

A la luz del Maestro (cap. 3)

En las Bienaventuranzas se dibuja el rostro del Maestro, que nosotros estamos llamados a transparentar en la cotidianidad de nuestras vidas. Aquí la palabra “feliz” o “bienaventurados” pasa a ser sinónimo de “santo” porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra consigue en la entrega de sí mismo la verdadera felicidad. Sólo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libra de la debilidad y del egoísmo, de la comodidad del orgullo.

El Papa Francisco describe cada una de las Bienaventuranzas y su invitación concluyente cada sección:

  • Ser pobre en el corazón, eso es santidad.
  • Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad.
  • Saber llorar con los demás, eso es santidad.
  • Buscar la justicia con hambre y sed, eso es santidad.
  • Mirar y actuar con misericordia, eso es santidad.
  • Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, eso es santidad.
  • Sembrar paz a nuestro alrededor, eso es santidad.
  • Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, eso es santidad.

En el capítulo 25 del evangelio de Mateo (vv. 31-46), Jesús vuelve a detenerse en una de estas bienaventuranzas, la que declara felices a los misericordiosos. Si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados. Cuando reconocemos a Cristo en el pobre y en el que sufre, se nos revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas. ”El Señor nos dejó muy claro que la santidad no se puede entender ni vivir al margen de estas exigencias”.


Signos de santidad en el mundo de hoy (cap 4”)

“Cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy.”

1) Aguante, paciencia y mansedumbre.

A partir de la solidez interior, el testimonio de santidad, en nuestro mundo acelerado, voluble y agresivo, está hecho de paciencia y constancia en el bien. Hace falta luchar y estar atentos frente a nuestras propias inclinaciones agresivas y egocéntricas. Los cristianos pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital. Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena. “Es llamativo que a veces, pretendiendo defender otros mandamientos, se pasa por alto completamente el octavo: «No levantar falso testimonio ni mentir», y se destroza la imagen ajena sin piedad”.

Josep Maria Fisa