Artículo de Fernando Gómez Carvajal, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

 

Apostemos por la guardería como garantía de igualdad de oportunidades

En el último Estado de Opinión hablaba de la llegada de la cuarta revolución industrial o automatización, y de la importancia de adaptar la educación a este nuevo modelo económico, para recibirlo así como una oportunidad de mejora y no como una amenaza. En este sentido, cuando hablo de educación no sólo me refiero a los contenidos sino a cambiar la política educativa para promocionar la educación infantil de primer ciclo, la guardería, como garantía de igualdad de oportunidades.

 

Cataluña sufre un grave problema de fracaso escolar que, a pesar de haberse reducido progresivamente durante los últimos años sobre todo por la crisis económica, haciendo que los alumnos y sus familias tomaran más conciencia de la importancia de estudiar, es muy elevado en comparación con los países europeos referentes en educación. Para combatirlo, el gobierno de turno se ha dedicado a imaginar múltiples soluciones aplicables principalmente a la secundaria para intentar que este adolescente como mínimo finalice sus estudios obligatorios. Cuando yo tenía esa edad, las opciones pasaban desde desdoblar la clase por niveles, como medida más leve, hasta inventarse el Programa de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) como medida finalísima para que aquellos que abandonaban la ESO pudieran salir de la escuela con una mínima formación acreditada. Ejemplo del desenfreno comentado es este último, que ha cambiado mil veces de nombre, ahora se llama de Formación e Inserción (PFI). En definitiva, las medidas que se tomaban consistían en rebajar el nivel educativo hasta que el alumno lo pudiera alcanzar, en vez de invertir en apoyos educativos y sociales para este tipo de chicos y chicas que les ayudaran a alcanzar el mismo ritmo que al resto de la clase y avanzar hacia la educación superior. En cualquier caso, hablando en términos sanitarios, desde la administración se ha gastado una cantidad ingente de recursos en urgencias, cuando el problema ya se ha desarrollado e incluso terminal, en vez de invertir en promoción de salud y prevención de la enfermedad. En el caso de que tratamos esta prevención pasa, como decía en el primer párrafo, por promocionar la educación infantil de primer ciclo o guardería.

Los últimos estudios demuestran que a los tres años ya existen diferencias significativas en el desarrollo de habilidades cognitivas entre los niños y éstas varían en función de la renta familiar. La estabilidad económica, la atención de los padres u observar el simple hábito de la lectura son factores que ayudan a los niños de las familias con rentas y niveles culturales superiores a desarrollar una mayor variedad de estímulos cognitivos, y por tanto que tengan una ventaja comparativa respecto a los niños de familias con rentas más precarias. La escuela infantil, que hasta los últimos años sólo se encontraba ligada al concepto de guardería, es decir, facilitar la conciliación laboral de la madre, de renta media y media-alta, profundizando la desigualdad, afortunadamente desde la última ley 12/2009 se contempla dentro del sistema educativo. Pese a no tener carácter obligatorio, realiza un trabajo trascendental con el desarrollo temprano de los niños, enmarcada dentro de la agenda de las políticas pre-distributivas que postula el tratamiento de las desigualdades a priori. De este modo, la educación infantil de primer ciclo genera una doble externalidad positiva para nuestra sociedad: aparte de seguir promoviendo la incorporación de la mujer al mercado de trabajo contribuyendo a la igualdad de oportunidades entre las mismas mujeres y de género, ayuda a desarrollar la capacidad de aprendizaje de los niños y niñas, reduciendo la posibilidad de fracaso escolar en las siguientes etapas, y participando en definitiva de la garantía de igualdad de oportunidades educativas a partir de la cual se desarrollará la persona.

Sin embargo, a raíz de la crisis económica, la guardería ha sido objeto de discusión entre diferentes niveles de administración. ¿El motivo? Su financiación, que aparte de la aportación del usuario, se reparte entre el municipio y la Generalitat. Esta última, por la reducción de sus ingresos, decidió trasladar su responsabilidad económica a la diputación. Con todos estos cambios, durante un tiempo el pago no se cumplió y a la vez algunas ciudades grandes se han encontrado con una mayor demanda de guardería pública gracias a su calidad y la necesidad de trabajar por parte de ambos progenitores. Con este cúmulo de circunstancias explosivo, algunas de ellas, como Barcelona, decidieron implantar la tarificación social para que los usuarios con una renta superior hicieran frente a un incremento del precio público de la guardería y así contar con más ingresos. Medidas como éstas que tienen todo el sentido del mundo y que también se utilizan para otros servicios municipales, no deberían ser motivadas por una razón económica sino por una voluntad de redistribución y equidad en el acceso. Desgraciadamente aquí y en la universidad, donde también se implantó hace unos años, no ha sido así. En cualquier caso, ahora que empieza a detectarse la recuperación económica al menos en los ingresos de las administraciones, es el momento para que la Generalitat vuelva a tomar el liderazgo sobre la guardería, sea uno de los pilares de su política educativa e invierta en promocionar su desarrollo definitivo. La transformación del mundo educativo, en cuanto a métodos de enseñanza y contenidos, no tendrá sentido si no incluye la guardería dentro del proceso y ahora es el momento idóneo para asumir este reto. ¡Hagámoslo!

Fernando Gómez Carvajal