Miquel Angel Prieto EdOArtículo de opinión escrito por Miquel Àngel Prieto, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

Tradiciones contraculturales

Nos ha tocado vivir cambios sociales, culturales, económicos, políticos y tecnológicos que se extienden por todo el mundo a una velocidad inusitada y afectan a esferas diversas de nuestras vidas. Algunas voces hablan de cambio de época. Paralelamente, el discurso sobre la innovación se convierte en hegemónico en muchos ámbitos profesionales y sociales. Ya no se trata solo de comprar el último modelo de coche o de móvil, sino también de adoptar una actitud abierta al cambio constante; se predica la idoneidad de aprovechar las oportunidades y asumir las incertidumbres y las pérdidas.

Contrastando con estas expectativas sociales, en el período de finales de diciembre hasta el 6 de enero predominan en nuestro entorno, símbolos y comportamientos arraigados en la tradición. Si perduran, seguramente es porque ofrecen algo valioso. Me quiero parar a analizar tres experiencias que, desde mi punto de vista, tienen un potencial casi contracultural: la experiencia del tiempo, la ampliación de relaciones y la elaboración de buenos propósitos de año nuevo.

Durante estos días, además de dedicar más horas a las compras, muchos sentimos y disfrutamos del tiempo disponible de una manera especial: alargamos las sobremesas, pasamos más ratos jugando con los pequeños de la familia o visitando a nuestros seres queridos, decoramos el hogar...

La tradición cristiana ya estableció la singularidad de este período mediante tres tiempos litúrgicos diferentes: Adviento, Navidad y Epifanía. Los filósofos griegos de la antigüedad también pueden iluminar esta experiencia. Ellos distinguían tres dioses del tiempo: Kronos (dios que representa el presente, el tiempo secuencial, el que medimos con el reloj), Aión (dios a la vez del pasado y del futuro, liberado de la tiranía del presente es un tiempo de plenitud) y Kairós (dios que representa el momento adecuado, oportuno, asociado a la celebración y la fiesta). Pienso que el período desde las Navidades a Reyes es para muchos una saludable combinación de Aión y Kairós, que aleja, durante unos días, las exigencias de Kronos.

Nuestros ecosistemas y pautas de relaciones interpersonales también se alteran en este período. Aquella llamada a la tía lejana o el mensaje des del móvil al primo o al amigo, que hace tiempo que no vemos, son signos de una sociabilidad ampliada. En estas fechas, tratamos de reunirnos más tiempo con los seres queridos, recordar a los que nos han dejado y enviar mensajes de afecto a personas que no encontramos habitualmente. Los regalos son también símbolos de la voluntad de conectar con las personas cercanas, de hacer las disfrutar y sentir la satisfacción de provocar emociones. De esta manera, reconocemos y alimentamos positivamente nuestra naturaleza relacional. La empatía y la generosidad no son habituales en nuestra cotidianidad. Parece que este período interrumpe las lógicas egoístas e individualistas predominantes.

Finalmente, algunos iniciamos el año con una lista de propósitos para el año nuevo. Quizás no es una práctica tan arraigada como las dos anteriores, pero me animo a reivindicarla. Habitamos un mundo que nos bombardea con estímulos informativos y de entretenimiento, nos exige respuestas inmediatas y presiona para que adoptemos patrones de comportamiento propuestos por otros, sin entender o compartir los criterios. Nadie nos pide que paremos un rato, para hacer balance de lo que hemos vivido, pensar nuestra realidad y elaborar propósitos para el año nuevo. Pero, hacerlo de manera consciente y revisar, de vez en cuando, el camino que nos hemos trazado puede ayudar a que dejemos de vivir con el piloto automático. Las fechas de finales de diciembre hasta el 6 de enero, despiertan muchos sentimientos. También son un momento propicio para buscar el sentido y proponernos avanzar.