Anna Sangra EdOArtículo de Anna Sangrà, responsable de la area de migraciones Justícia i Pau Barcelona.

No estamos todas

Cuando se acerca el 8 de marzo los medios de comunicación, los partidos políticos, y un largo etcétera se dan prisa a visibilizar las mujeres y compadecernos. El resto del año, la iniciativa #OnSónLesDones (dónde están las mujeres) o las estadísticas del Institut Català de les Dones recogen que se nos discrimina en todos los ámbitos de nuestra vida: el personal, familiar, laboral y social. Llegado el 8 de marzo, los medios de comunicación muestran que nos siguen asesinando, violando, pegando y discriminando. Pero incluso aquel día en la pantalla o en la portada del periódico no estamos todas.

Las mujeres catalanas y blancas lo tenemos más difícil que los hombres catalanes y blancos. Sí.

Pero las mujeres de Cataluña somos diversas: nacidas catalanas y migradas, blancas y racializadas, payas y gitanas, también con diversidades funcionales e intelectuales. Somos creyentes, ateas y agnósticas. Somos heterosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales y queer.

Entre las mujeres más invisibilizadas, están las mujeres migradas: las señoras marroquíes que recogen fresones en Huelva, las señoras filipinas que limpian en Pedralbes, las señoras colombianas, venezolanas y hondureñas que cuidan abuelas y bebés. Estas mujeres están pero no son visibles, la sociedad y el mercado las necesitan pero no las quieren ver. No salen casi nunca en la televisión y cuando lo hacen no las muestran como mujeres completas, con trayectorias vitales que van más allá de trabajo que desarrollan. Como personas que tienen unos objetivos, unos valores, familia y amistades.

Como apuntaba antes, las mujeres vivimos la discriminación por motivos de género en muchos ámbitos de nuestra vida. Concretamente en el laboral, hacemos frente a la brecha salarial, al techo de cristal, pero también a la precariedad de nuestros contratos o directamente a la falta de los mismos.
Sin ir más lejos, nuestro estado de bienestar no contempla los cuidados como una responsabilidad del Estado. En nuestro sistema se da por hecho, como argumenta la doctora Sara Moreno (UAB) que esta tarea corresponde a la familia, lo cual no deja de ser un eufemismo para decir que corresponde a las mujeres. Pues bien, ya hace años que las mujeres dimos un paso al frente y ahora salimos de casa para trabajar en trabajos remunerados. Y entonces, ¿qué pasa con la gente mayor y las criaturas? La solución que hemos encontrado es que a menudo, acabamos delegando los cuidados a una persona ajena a la familia. Casi siempre una mujer. En muchos casos, una mujer migrada.

El largo y complejo proceso de regularización administrativa convierte a millares de mujeres en personas sin posibilidad de tener un trabajo regularizado durante años. La equiparación de los títulos académicos tampoco es sencilla. Y cuando todo esto se supera, siempre acaba quedando nuestro racismo y xenofobia, que les complican el acceso a un lugar de trabajo regularizado y más calificado. Mientras se encuentran en esta situación de irregularidad administrativa, las mujeres emigradas trabajan en aquellos trabajos que tradicionalmente han quedado en el ámbito de trabajo sin contrato,y en Cataluña esto significa mayoritariamente los cuidados y el campo.

Y así llegamos al 8 de marzo del 2019, con una sociedad que aquel día miró hacia nosotras pero no a todas.

También son el 8 de marzo las mujeres que nos cuidan las niñas cuando trabajamos, cuando salimos el sábado por la noche o cuando diagnosticamos demencia senil a la abuela. También son 8 de marzo las mujeres que se juegan la vida en el Estrecho, las mujeres que no pueden hacer huelga porque no tienen contrato de trabajo y las mujeres que trabajan como internas en una casa en la parte alta de la ciudad.

El feminismo del 8 de marzo es interseccional, suma el feminismo descolonial, negro e islámico, entre otros. Porque la opresión cuando una mujer es emigrada, negra o musulmana, por ejemplo, es más fuerte y compleja.
Atreveos, pues, a hablar de un 8 de marzo diverso, plural como son todas las mujeres. Queremos estar todas, tenemos que estar todas.

Anna Sangrà (@anna_sangra)


Os recomiendo leer el manifiesto de la Huelga feminista del 8 de marzo de 2019