Artículo de opinión de Àlex Masllorens, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

Arcadi como espejo

El jueves 6 de junio, en el histórico e imponente Saló de Cent, el Ayuntamiento de Barcelona entregó la medalla de oro al Mérito Cívico a su ilustre ciudadano Arcadi Oliveres. Fue un acto emotivo y, al mismo tiempo, lleno de contenido y de sentido. Se reconoció la larga trayectoria social y de compromiso militante de Arcadi a lo largo de varias décadas. De alguna manera, podemos decir que fue un momento de complicidad real y sincera entre la política institucional y la que se hace directamente en la calle, promovida por las organizaciones y movimientos sociales. Y no siempre se tiene la percepción de que esta complicidad sea posible.

 

No voy a entrar aquí a analizar lo que ya se hizo con creces durante ese acto y que, por otro lado, seguro que es compartido por todos los lectores: los méritos de sobra conocidos y reconocidos de Arcadi para que se le hiciera un reconocimiento como el que se le dedicó aquella noche en el consistorio. Pero constaté, hablando con tanta gente querida como había, que en el fondo también pensamos todos en un momento u otro que el reconocimiento se estaba haciendo simultáneamente a Arcadi y a un grupo inmenso de personas que en varios momentos, y con intensidades también muy distintas, hemos trabajado con él. En campañas importantes como las primeras contra la pena de muerte, por la amnistía a los presos políticos, la del Objetivo 0,7% y las acampadas posteriores, contra el ingreso en la OTAN, a favor de la objeción de conciencia y la insumisión, la campaña internacional por la condonación de la deuda externa (deuda externa, ¿deuda eterna?), por la objeción fiscal, contra la carrera armamentística y de denuncia de la banca armada... y tantas otras. También habíamos coincidido, muchos de los presentes en el acto, en instituciones y movimientos como Pax Christi, Justicia y Paz, la Fundipau, la Universitat Internacional de la Pau de Sant Cugat, las federaciones de ONG para el desarrollo, por la paz y los derechos humanos, el Centro Delàs, Procés Constituent... y muy probablemente, también, como público en alguna de las miles de charlas y conferencias que ha impartido Arcadi.

Había, sin duda, un sentimiento colectivo de pertenencia a algo importante, un vínculo espiritual; quizás difícil de definir, pero que sabemos que nos ha hecho mejores porque nos ha hecho sentir más humanos en un momento u otro de nuestras vidas. Todo aquello en que ha participado Arcadi han sido proyectos vitales llenos de sentido para un inmenso grupo de hombres y mujeres. En el fondo, Arcadi es como un espejo donde hemos visto reflejada la mejor imagen de nosotros mismos. De cada uno y cada una de nosotros.

Àlex Masllorens