Anna Sangra EdOArtículo de Anna Sangrà, responsable de la area de migraciones Justícia i Pau Barcelona.

Las migraciones invisibles.

En la década de los 2000 empezábamos a hablar del concepto "cambio climático", en 2010 era el turno de los gases de efecto invernadero y los efectos que tendrían en la biosfera: la conservación de las especies, la calidad del aire, el aumento de la temperatura... Llegadas a finales de una nueva década hemos conseguido el consenso científico y social que el cambio climático es una realidad. Y ahora, ¿qué hacemos? "Actúa como si nuestro hogar estuviera en llamas", decía Greta Thunberg en la reunión anual de Davos de este año.

Ciertamente, la situación es crítica para el planeta y la vida que la habita. Una pequeña parte de las que vivimos, las personas, nos estamos desplazando más que nunca —al menos en parte— debido al cambio climático. En el mundo, según el Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC), durante sólo el año 2018 se produjeron 28 millones de nuevos desplazamientos internos. De entre estos, un sorprendente 60% de los mismos estaban asociados a desastres naturales y un 39% relacionados con conflictos y violencia.

En esta situación se encuentran millones de personas en todo el mundo y aunque somos incapaces de saber exactamente cuántas, generalmente las llamamos migrantes climáticas. Se trata de personas o grupos de personas que sufren un cambio en el medio ambiente, el cual afecta negativamente a su vida o condiciones de vida, y se ven obligadas o deciden abandonar sus lugares de residencia habituales, sea temporal o permanentemente, dentro de su país o hacia el extranjero. Son personas afectadas por las tormentas tropicales, las sequías, el aumento del nivel del mar o los incendios recurrentes, entre tantos otros fenómenos.

En general, hay tres procesos principales a través del que los impactos del cambio climático pueden tener un impacto en la decisión de migrar de las personas afectadas:

  • el aumento de las experiencias de riesgo de peligro ambiental y eventos socioecológicos asociados.
  • los cambios a través del tiempo tanto en cuanto a la disponibilidad de recursos como en el uso eficaz de los recursos naturales.
  • la percepción de riesgo de impactos derivados del cambio climático, con independencia de las experiencias reales.

Además de esto, los cambios ambientales pueden incluso empeorar la situación de las personas que ya estaban en una situación vulnerable y que tienen opciones muy limitadas o inexistentes para migrar. A veces incluso el acto de migrar aumenta su vulnerabilidad. Por ejemplo, en las pequeñas islas-estados en desarrollo (SIDS), las personas en zonas propensas a las inundaciones, o cerca de las costas expuestas, ya son pobres e incapaces de responder a la selección de la migración, ya que está limitada a aquellos con los recursos económicos mínimos necesarios. Así pues, una comunidad será vulnerable en función de dos variables, como de expuesta está al fenómeno y la capacidad de adaptación que presente.

Aún así, resulta obvio que aunque conocemos que son una realidad las migraciones en las que el cambio climático es clave, resultan muy difíciles de visibilizar. En consecuencia, los flujos migratorios ambientales son difíciles de contabilizar en la actualidad y predecir en el futuro, ya que hay un gran número de factores que intervienen en la decisión de migrar de una persona. Al factor climático se suman factores políticos, sociales, económicos, etc. Así pues, resulta muy complicado sino imposible encontrar un migrante puramente climático y esto contribuye a su invisibilidad ante la mayoría de personas y medios de comunicación.

En cuanto a la solución, la encontramos en dos niveles. Por un lado, resulta primordial prevenir. Vuelvo a Greta Thunberg porque el objetivo principal de nuestra generación es invertir en prevención, tenemos que luchar para no agravar aún más el cambio climático. Ahora mismo, las migraciones climáticas todavía no son totalmente forzosas. Como decía, en las decisiones se mezclan motivaciones económicas, políticas... resulta muy complicado determinar el peso de las condiciones climáticas en la decisión de las personas que migran.

Por otro lado, tenemos que trabajar para dar espacios de discusión a las naciones y pueblos más afectados. Debemos apoyarlos a través de canales de migración regulares para que aquellas que no tengan alternativa migren con dignidad. Y también necesitamos aprender de sus estrategias de adaptación, desarrolladas progresivamente durante años, como en algunas pequeñas islas del Pacífico, poco a poco engullidas por el mar pero resilientes y organizadas.

En Cataluña, en una magnitud mucho más reducida también sufrimos los efectos del cambio climático sobre las personas. Consideremos el aumento del nivel del mar en la costa catalana, que produce erosión, que acaba por salinizar los acuíferos y en último término sentencia a muerte muchos de los cultivos actuales. O recordemos el delta del Ebro, que retrocede cada año más y más debido a los embalses pero también del aumento del nivel del mar.

Anna Sangrà (@anna_sangra)