Miquel Angel Prieto EdOArtículo de opinión de Miquel Àngel Prieto, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

Sin respuestas al escape room de la pobreza juvenil

Durante las últimas semanas, la acampada en la Plaça Universitat de Barcelona, los disturbios en la ciudad o las manifestaciones de Fridays for Future, han hecho visible la movilización política de la juventud.

Las nostálgicas han recordado el papel de la juventud durante el Mayo del 68 o la lucha antifranquista. Las partidarias de la independencia de Cataluña, han celebrado el aumento de la participación de las jóvenes en la protesta, y algunos han justificado o minimizado los episodios violentos.

Pero no debemos olvidar que últimamente las personas jóvenes se enfrentan a un escape room vital con continuos retos para evitar la pobreza. Las preguntas que sacuden el día a día de muchas de ellas son: ¿Me puedo arriesgar a salir del hogar familiar para emanciparme? ¿Mi nuevo trabajo durará más de seis meses? ¿Se acaban los tres años del alquiler del piso, me lo volverán a subir y tendré que buscar otro?

Según los datos de Eurostat, en Cataluña las personas de entre 16 y 29 años son el grupo de edad que tiene mayor riesgo de pobreza o exclusión. En 2016-2017 el porcentaje de jóvenes en riesgo de pobreza o exclusión social en Barcelona era del 35,6%, 10 puntos más que el global de la población de la ciudad (24,8%).

La recesión económica, iniciada en 2007, tuvo un fuerte impacto negativo entre la población joven y la recuperación económica de los últimos años no lo ha revertido. Para las jóvenes se trata de una recuperación en precario, con tasas de paro relativamente elevadas y niveles temporalidad y trabajo a tiempo parcial muy por encima de la población activa más mayor. El encarecimiento de los precios de la vivienda complica las condiciones de vida. Por eso, a pesar de estar ocupada, la población joven es frecuentemente “trabajadora pobre”.

Por otra parte, los jóvenes son un grupo heterogéneo, y el riesgo de pobreza refleja las diferencias. Tienen más riesgo de pobreza las jóvenes que han nacido en el extranjero, viven en un hogar con personas de clase trabajadora o con todos sus integrantes en el paro, o las que se han emancipado para vivir en una vivienda de alquiler.

Conocidos estos datos no sorprenderá saber que en Cataluña la media de edad de las mujeres al tener su primer hijo (31,5 años) es la más alta de Europa y que tiene una de las tasas de fecundidad más bajas.

La juventud se define como una etapa de transición hacia la condición adulta que comporta inestabilidad y vulnerabilidad. Pero en Barcelona, en Cataluña y en buena parte del Estado, la población joven está padeciendo el nuevo marco productivo, laboral y social, más flexible y precario. La vulnerabilidad ha empeorado. La mayoría de las jóvenes están excluidas de la sociedad del bienestar e inmersas en la sociedad del riesgo. Las transiciones vitales se alargan y resulta difícil pensar en proyectos vitales estables.

Como concluye un reciente informe de la Agencia Catalana de Juventud, la posición de la población joven en la periferia social conduce a un comportamiento político caracterizado por el distanciamiento, la pasividad y los mecanismos extra institucionales. No se puede esperar que la población joven se implique constante y masivamente con proyectos políticos colectivos, que no planteen vías de salida para sus laberintos vitales ni resuenen sus inquietudes morales.

Si las instituciones públicas se desentienden del escape room juvenil y son únicamente las familias las que tienen que aligerar el coste social, el resultado para una generación será más desigualdad y fragilidad social. La ciudadanía debilitada conducirá a una democracia de baja calidad.

 

Miquel Àngel Prieto Vaz