Laura Ribera EdOArtículo de opinión de Laura Ribera Barniol, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

 

El odio que damos a los niños nos afecta a todos*

Faltan pocas semanas para terminar el año 2019 y adelanto un balance general de algunos aspectos que lo han marcado en relación a los niños en movimiento. Voy a hablar de aquellos niños y niñas o chicas y chicos que las administraciones y la prensa llaman MENA -Menores Extranjeros No acompañados-, también llamados menores sin referentes familiares.

Sobrevivir en España como niño o adolescente que ha emprendido un proceso migratorio para establecerse es una indigna prueba de obstáculos que puede, incluso, costarte la propia vida. Recordemos a Omar, un adolescente proveniente de Guinea Conakry que se quitó la vida el pasado noviembre en Montbui (Barcelona) después de que la Fiscalía de Menores determinara en unas (del todo cuestionables) pruebas que era mayor de edad y consecuentemente fue expulsado del centro donde estaba alojado. Es más, el día 4 de diciembre personas apeladas por los discursos de odio de la extrema derecha lanzaron una granada en un centro de acogida de adolescentes migrados.

Sobrevivir a las pruebas osteométricas que se realizan en la frontera, punto de llegada. Superar las trabas administrativas y sus requerimientos una vez en el territorio. Soportar los sucesivos cambios de alojamiento y desplazamientos. Vivir con el duelo migratorio. Tolerar la espera, la incertidumbre, la violencia institucional, la calle. Existir ante las etiquetas, los acrónimos y las palabras.

Las palabras somos nosotros al otro lado del muro que hemos creado para separarnos. Con el uso de las palabras nos desentendemos de niños y niñas y chicos y chicas que han decidido cambiar su lugar de residencia para encontrar una vida posible aquí.

Estigma, recelo, rechazo y miradas. Los tratamos como colectivo. Es más fácil decirles menores ya que tiene una connotación más abstracta en nuestras mentes. Les tomamos la dignidad y el valor humano valorando por encima de todo el concepto legal de ser menor de edad y no el de la etapa vital de la infancia o la adolescencia. Describirlos como extranjeros nos hace perpetuadores de las (injustas) leyes de extranjería y políticas migratorias actuales. Aprovecho para recordarnos que la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) afirma que no se hará distinción de ningún tipo entre los niños ya sea por razones de raza, sexo, lengua, origen nacional o social, nacimiento, entre otros.

Si seguimos desgranando la etiqueta nos encontramos con los términos no acompañado o sin referentes familiares. Lo repetimos casi instintivamente y sin preguntarnos qué o quién no los acompaña ¿A qué nos referimos? ¿Hablamos de sus propios padres o representantes legales? ¿Queremos decir que venden solos? ¿Insinuamos que no vienen acompañados de experiencias y de trayectoria vital? Quien rechaza este primer término tiende a sustituirlo por el de menores sin referentes familiares. De nuevo las mismas preguntas, sin referentes familiares ¿dónde? ¿Estamos diciendo que estas personas no tienen referentes familiares, así en general? Dicho así, ciertamente invalidamos los que tienen en los países de origen o de tránsito. En la mayoría de los casos no consideramos tampoco otros referentes que no sean los paternales y que en otras partes del mundo, lejos del eurocentrismo, hermanos/as, tíos/as, abuelos/as, etc. son roles principales para muchos niños.

Es así como creamos un mundo paralelo para estos niños. Un mundo de odio que les afecta y nos afecta como sociedad, un odio que sólo genera más odio.

Queremos combatir los discursos xenófobos, enfrentarnos a la extrema derecha y el racismo estructural y una larga lista de cosas que decimos que queremos hacer. Podemos empezar por revisar la violencia escondida en nuestras palabras.

Laura Ribera Barniol

 

*Traducción de la frase del artista Tupac "THUG LIFE" (The Hate U Give Little Infants Fucks Everybody)