Miquel Angel Prieto EdO

Artículo de opinión de Miquel Àngel Prieto, miembro de Justícia i Pau Barcelona.

 

Limitaciones a la certificación de los diamantes de sangre

Pronto se va a conmemorar el trigésimo aniversario del fin de la guerra fría. El resultado fue la incuestionable hegemonía política y militar de los Estados Unidos de América (EEUU). Este desenlace facilitó la extensión progresiva, casi por todo el mundo, del sistema capitalista en su forma más liberal.

La ortodoxia económica mantiene que, si los gobiernos establecen un marco institucional y legal favorable para la inversión del capital y la libre empresa, la lógica del sistema hará su magia: se incrementará la riqueza del país y se distribuirá entre la población en forma de creación de empleo, mejoras salariales, infraestructuras, más y mejores bienes y servicios, etc.

Sin embargo, en algunos países, la finalización de la guerra fría no significó el comienzo de una transición política y económica hacia la democracia liberal de mercado, sino el agravamiento de tensiones internas, la explosión de la violencia armada a gran escala y la proliferación de actores internacionales públicos y privados a la búsqueda de influencia política o beneficios económicos. Algunos de los casos más dramáticos se vivieron a finales de los años 90 en África Occidental.

En medio de las guerras civiles que provocaban miles de muertos y desplazados, empresas occidentales adquirían recursos naturales preciados, como los diamantes, en zonas contraladas por grupos rebeldes.

En estos casos, paradójicamente, la falta de gobierno efectivo y de regulación internacional, así como las facilidades operativas para la circulación internacional de bienes y capital, permitían obtener grandes beneficios a las empresas, integradas en redes criminales. Las violaciones de los derechos humanos, la falta de consentimiento y otras formas de violencia contra la población de las zonas de extracción quedaban fuera del foco de atención. Los diamantes de sangre llegaban sin obstáculos a los consumidores finales por todo el mundo.

Las campañas de denuncia de entidades no gubernamentales comenzaron a sacarle los colores a los empresarios y a poner en riesgo su reputación y negocio. Algunos Estados y organismos intergubernamentales se mostraron preocupados por el impacto negativo sobre las poblaciones o por la proliferación de grupos armados y otros actores en la sombra que no siempre podían controlar. Las Naciones Unidas (NNUU) aprobaron en 2003 una resolución que establecía un mecanismo de cooperación intergubernamental para la certificación de los diamantes destinados a la importación y a la exportación, el llamado proceso Kimberley. El mecanismo contempla la participación de tres tipos de actores distintos: administraciones estatales de la mayoría de los países extractores, exportadores e importadores, la patronal del sector del diamante y, en calidad de observadores, entidades no gubernamentales.

Parecía que la acción concertada de los gobiernos comprometidos, bajo la autoridad de NNUU, y con la participación de la sociedad civil organizada era capaz de regular y limitar el impacto negativo de las formas más depredadoras para obtener beneficios, que el final de la Guerra Fría y la aceleración de la globalización habían favorecido.

Sin embargo, la última cumbre del proceso Kimberley ha concluido, en opinión de las entidades no gubernamentales, con resultados decepcionantes. El proceso de reforma iniciado hace tres años no ha dado fruto y mantiene exclusivamente el único supuesto que activa la prohibición de comerciar con diamantes: su uso para la financiación de los rebeldes que persiguen, a través de conflictos armados, el derrocamiento de un gobierno legítimo. Los abusos cometidos por actores no calificados de rebeldes u otras formas de violencia, que no impliquen conflictos armados contra un gobierno, no conllevan una prohibición para la importación o exportación de diamantes.

A modo de conclusión, presento una tesis sobre una de las posibles causas del fracaso de la ampliación del mecanismo de certificación.

La guerra fría acabó, el multilateralismo parecía capaz de ofrecer algunas respuestas a los riesgos de un capitalismo desenfrenado en un mundo con muchas fragilidades, pero actualmente, una nueva geopolítica ya es visible y adopta la forma de las guerras comerciales. Frecuentemente, China y EEUU protagonizan el enfrentamiento, pero en el fondo condicionan las relaciones bilaterales de todos los países integrados en la economía mundial y el comportamiento de las grandes empresas transnacionales. El margen de actuación y la autoridad de las organizaciones multilaterales se han reducido.

En el caso del proceso Kimberley, como en el de otros retos globales, la falta de consenso internacional perjudica especialmente a les poblaciones más vulnerables, a las que ningún Estado o empresa tiene en cuenta en sus cálculos para incrementar el poder político o los beneficios económicos.

 

Miquel Àngel Prieto